martes, 31 de mayo de 2011

MULTICULTURALISMO



“Multiculturalismo” es la coexistencia de diversas culturas, en donde “cultura” incluye grupos raciales, religiosos o culturales, manifestándose en comportamientos acostumbrados, supuestos y valores culturales, patrones de pensamiento y estilos de comunicación. Puede, asimismo, designar diferentes políticas voluntaristas:

Ø  Antidiscriminatorias: Que tienden a asegurar un estatuto social igual a los miembros de diversas culturas.

Ø  Identitarias: Que tienden a favorecer la expresión de las particularidades de diversas culturas.

Ø  Comunitarias: Que permiten la existencia de estatutos (legales, administrativos) específicos para los miembros de tal o cual comunidad cultural.

Con el adjetivo multicultural se suele aludir a la variedad que presentan las culturas en la sociedad humana para resolver las mismas necesidades individuales cuando todas ellas deberían poseer igualdad de posibilidades para desarrollarse social, económica y políticamente con armonía según sus tradiciones étnicas, religiosas e ideológicas. Un estado debería ser, pues, una comunidad multicultural.

Por otra parte, el multiculturalismo es también una teoría que busca comprender los fundamentos culturales de cada una de las naciones caracterizadas por su gran diversidad cultural.

Desde una visión general, el multiculturalismo es la coexistencia dentro de un Estado de grupos minoritarios que reclaman el reconocimiento de su identidad y el derecho a la diferencia.

Pluralismo cultural: Bajo esta amplia definición, e multiculturalismo abarca diferentes formas de pluralismo cultural. Esto quiere decir que dentro de cada país existen muchos grupos que han sido excluidos del núcleo mayoritario de la sociedad: mujeres, homosexuales, personas con discapacidad, pueblos indígenas, inmigrantes, entre otros.

Para WillKymlicka, estudioso del tema, es importante distinguir a estas minorías en función de cómo han sido incorporados a los Estados y de los objetivos de sus demandas.

En el caso de ciertos sectores sociales, como las mujeres y los homosexuales (donde la diversidad cultural se relaciona con el género y con las preferencias sexuales), su lucha se centra en terminar con la discriminación que existe tanto en las sociedades mayoritarias como dentro de las minorías nacionales.

Existen otros ejemplos en los que los conflictos entre mayorías y minorías se remiten a diferencias étnicas. WillKymlicka ha estudiado el multiculturalismo desde esta perspectiva. En ese sentido, para este autor la definición más atinada de este proceso es cuando dentro de un Estado coexisten pueblos con territorios, lenguas, culturas e historias específicas. Según su propuesta, se puede hablar de dos amplios modelos de diversidad cultural: minorías nacionales y grupos étnicos.

Las minorías nacionales son aquellas que antes de su incorporación a un Estado contaban con un territorio y gobierno propios. Se trata de comunidades históricas con identidad propia dentro de las fronteras de uno o más Estados. Un ejemplo es España, donde el pueblo catalán ha luchado desde hace tiempo por el respeto a su autonomía política y a sus derechos lingüísticos.

En ese sentido, estas minorías nacionales o naciones sin estado, como también han sido llamadas, tienen un deseo explícito para auto determinarse e insisten en ser reconocidas como actores políticos independientes con las capacidades necesarias para asegurar su supervivencia.

Y los grupos étnicos son el resultado de la inmigración. Estos sectores, a diferencia de las minorías nacionales, buscan generalmente integrarse a la sociedad de la que forman parte y ser aceptados como miembros con plenos derechos y responsabilidades. Su objetivo no es constituirse en una nación separada y autogobernada con un territorio propio, sino modificar las instituciones y leyes de la sociedad para hacerla más sensible a las diferencias culturales. Tal es el caso de los grupos de inmigrantes que desde todas las latitudes han llegado a los Estados Unidos (judíos, armenios, latinos, etcétera). Estos grupos se han esforzado por integrarse a la sociedad mayoritaria sin abandonar su identidad.

Más allá de las distinciones, tal vez lo más relevante sea aceptar que actualmente los países constituyen escenarios donde los grupos minoritarios expresan cada día con mayor ímpetu su derecho a la diferencia y la voluntad de hacerla respetar.

El derecho a la diferencia: La diversidad cultural es parte intrínseca de los Estados. Es decir, dentro de los países siempre han existido las diferencias étnicas. Sin embargo, la forma como se ha lidiado con éstas, a través del tiempo y del espacio, es lo que resulta relevante cuando se habla de multiculturalismo.

Lo que queda claro de las incesantes luchas por el derecho a la diferencia es la urgente necesidad de “hacer posible la convivencia intercultural respetando la diversidad”. 

Si bien es cierto que las publicaciones y teorías acerca de este tema se han incrementado de forma exponencial en los últimos años, en la práctica todavía no es posible tener respuestas definitivas sobre cómo resolver los conflictos que enfrentan a las minorías y mayorías en distintos países del mundo.

En principio, es indudable que el único camino para acabar con estos conflictos es la vía pacífica, lo cual implica reivindicar los derechos de las minorías desde la óptica de la dignidad y el respeto. Igualmente importante es aceptar que vivimos en una sociedad multicultural, y que para sostenerla son necesarias dos estrategias: “aprender a ver nuestra realidad para, a partir de su reconocimiento, hallar en ella los recursos, las orientaciones y la inspiración que nos permiten definir y ocupar el sitio que nos corresponde como conjunto nacional de pueblos, culturas y civilizaciones diferentes”  y, por otra parte, fortalecer los principios y espacios públicos compartidos que permiten la comunicación entre individuos y grupos social y culturalmente distintos, mismos que hacen posible vivir juntos con nuestras diferencias

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